¿Sabías que puedes llevar a tu mesa, cada día, las incontables y comprobadas virtudes de una bebida exaltada en las Sagradas Escrituras, nacida –se presume- hace unos ocho mil años antes de Cristo y codiciada por reyes y plebeyos, la cual, además de deleitarte el paladar, hacer mucho bien a tu salud, inspirar tu imaginación y encender tu espíritu, contiene los secretos de la fuente de la juventud? Pues ahora lo sabes. Te presentamos al Vino.
Gracias, Julio César: Fue gracias al romano Julio César, quien la introdujo en Roma allá por los años 40 ó 50a.c, que esta particular bebida producto de la generosidad de la madre tierra, se conoce, se aprecia y se disfruta actualmente en cada rincón del mundo. Desde entonces, el vino no
ha dejado de sorprender a la humanidad con sus nobles virtudes, muchas de las cuales fueron probadas y comprobadas por la propia ciencia.
Fuente de salud, juventud e inspiración: Que muchas de las más hermosas rimas y prosas que nos han legado algunos genios de la literatura fueron escritas bajo la mágica inspiración del vino, es algo que no se puede negar. Pero el vino no sólo acude al espíritu invocando a las musas inspiradoras, también, según estudios recientes, ayuda a nuestro cuerpo a mejorar la circulación sanguínea, a evitar problemas cardiovasculares y, como si todo esto fuera poco, a retardar el proceso de envejecimiento de nuestras células.
En efecto, lejos de tratarse de un atributo milagroso, lo que hace que el vino nos ayude a mantenernos más jóvenes y saludables es el hecho de que sus componentes, vitaminas A y C, otros complejos vitamínicos, el resveratrol -un compuesto antioxidante que ayuda a proteger nuestro sistema cardiovascular de las inevitables huellas del tiempo-, entre otros, tienen efectos comprobados contra la diabetes, el Alzheimer, e incluso algunos tipos de cáncer, entre otros muchos males.
El secreto está en la moderación: Sin embargo, recuerda que, como todo en la vida, el exceso es enemigo de lo apropiado. Por tanto, las bondades del vino sólo serán tales en caso de que limites su consumo a una copa de vino en las comidas. Claro está que en una fiesta puedes excederte aunque más no sea un poco, pero no te engañes diciéndote a ti mismo, y mucho menos difundiendo por ahí, que ya que es bueno, cuanto más se beba mejor.
Por último, y como si atributos le faltaran, ¿quién puede negarle a esta virtuosa bebida su rol fundamental en una reunión de amigos, en una cena íntima, o en un almuerzo familiar? En cualquier oportunidad, el musical choque de las copas en el brindis, el intenso sabor acariciándonos el paladar y bajando por nuestra garganta, el exquisito aroma anunciando su entrada a nuestro templo personal, aportan el ingrediente imprescindible para hacer de cualquier encuentro una acogedora velada.
El “maridaje” perfecto: Mucho se ha estudiado sobre qué vino hay que consumir con determinada comida. Quienes se interesen en conocer a fondo las combinaciones “obligadas” o “prohibidas” entre vino y comida, sepan que no encontrarán en las sugerencias que siguen ningún detalle sesudo sobre el asunto. Lo que pretendemos, simplemente, es que a aquellos a quienes nos apetece ofrecer un buen almuerzo o cena regados a vino, tengamos una base simple para elegirlo dentro de criterios amplios y “amateur”.
En pocas palabras, y con el perdón de los enólogos, con las carnes rojas, especialmente vacuna, opta por vinos tintos maduros, y si vas a servir cordero o ternera, prefiere tintos más jóvenes o “tempranillos”.
Para acompañar un pollo, se puede servir un tinto joven o un blanco seco, mientras que para el pescado, lo ideal es un buen vino blanco, aunque algunas especies, como el salmón, pueden ir bien con un tinto suave.
Las pastas pueden ir con tintos o rosados, dependiendo, en parte, de la salsa con que las acompañes. Si en ésta predomina el tomate, un tinto puede ser una excelente opción, mientras que si predominan los quesos, el rosado deberá ser el compañero ideal.
Por último, sirve vinos espumosos para bocadillos y aperitivos, y blancos dulces para los postres.
El vino como parte de la receta:: Si quieres incluir la “bebida de los reyes” no ya en la mesa, sino también en la receta, te sugerimos un delicioso Pollo al horno al vino blanco. Después de condimentar el pollo entero sólo con sal y pimienta, coloca en su interior y a su alrededor trozos de manzana verde cortada en ocho. Después, úntalo con manteca por fuera y rocíalo con un litro de vino blanco seco, el cual habrás dejado desde la noche anterior en una jarra con dos o tres hojitas de laurel. No eches todo el vino de primera, sino que rocíalo a medida que se va asando. Puedes hornearlo junto con papas y boniatos.
Tags: maridaje, pollo, recetas, salud, vinos
No hay comentarios
Aún no hay comentarios. ¿Quieres dejar un comentario?