Los objetos que nos rodean nacen de la necesidad industrial de dividir los procesos de trabajo y de integrar a artistas y a investigaciones sobre las personas, en él.
El diseño nació como consecuencia lógica de dividir el trabajo en procesos de producción: para abaratar costos, el proceso tenía que estar bien planificado. Y es que con la Revolución Industrial se inició la fabricación de muebles, cuberterías, tejidos…, para una clase urbana emergente: los primeros consumidores. Es por esta época que el taller de John Cheere en Hyde Park Corner empieza a vender copias de plomo de esculturas griegas y romanas, para que los nuevos burgueses pudiesen demostrar que, aunque no podían permitirse el lujo, sí tenían buen gusto. Sus orígenes son económicos, no artísticos, aunque es entonces cuando se encuentran ambos sectores.
La industrialización ya no podía trabajar con artesanos por lo que fue en busca de artistas que dieran forma y soluciones constructivas a su producción. Josiah Wedgwood se ha llevado la fama de ser el primero en explotar el nuevo proceso de trabajo para fabricar “bienes de consumo”, contratando a escultores, pintores y ceramistas que intervenían en algún proceso del trabajo, los primeros diseñadores.
Alemania y EE.UU. iniciaron su meteórico proceso de industrialización a mediados del XIX, con una integración plena del diseño, más allá de los objetos: se diseña también la imagen de la empresa, la propaganda, los edificios. Nace la fabricación de aparatos mecánicos y eléctricos.
Los debates sobre el diseño
Surgen entonces las primeras reflexiones sobre la relación entre la sociedad y sus objetos de las que nace la idea de que el diseño tiene una función social y educativa. El “buen gusto”, único, exclusivo, cae de su trono. Los procesos industrializados han quintuplicado sus fuerzas, la población ha crecido y mejorado su nivel de vida, nace la sociedad de consumo, la compra de productos como símbolo de estatus social.
Aparecen las escuelas de diseño, como la Central School of Arts and Crafts en 1896, que pretenden, además de formar en las nuevas técnicas, una comprensión crítica de los objetos y la arquitectura. Se debate la primacía del arte sobre la industrialización, sobre máquinas y nuevos materiales. Surgen los ideales modernos y los grandes nombres, cuyos productos seguimos comprando hoy: Le Corbusier, Mies van der Rohe, el diseño escandinavo.
EE.UU se decanta por la fabricación de aspiradoras, máquinas de coser, de escribir, lavadoras. La cultura de la época refleja la locura que provocaron estos nuevos objetos en la población norteamericana: nace una nueva forma de vida. La mujer inicia su emancipación. La industria diseña para ella, empieza a “escuchar al mercado” para satisfacerlo. El marketing ya está aquí.
Tags: objetos, origen diseño
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