El Movimiento Moderno de los años veinte convierte a la máquina en el nuevo dios todopoderoso que da forma a casas, muebles e inspiraciones.
La industrialización convirtió a la máquina en el nuevo dios que había revolucionado el mundo con su poder constructor. Vivir en la década de los veinte era ser moderno.
Todo lo relacionado con la máquina era bueno. El diseño racional de un producto pensado para fabricarse en serie era bueno, y así tenía que ser. Su aspecto sería la consecuencia de su lógica interna de construcción.
Uno de los “hijos” de esta época será el arquitecto Le Corbusier, muchas de cuyas casas adoptarán la apariencia de aviones, barcos o máquinas, haciendo aparente un gusto por el orden. Pensaba que los motores eran viriles, activos y equilibrados y que una casa era una máquina para vivir. Empleaba formas que recordaban a las máquinas porque eran bellas y porque les daban modernidad.
La máquina invade el mundo
A los niños se les regalaban libros y juguetes sobre máquinas. La propaganda del juego de mecano Erector aseguraba que ese juguete les preparaba para los negocios. En Europa nacía el Meccano.
Las fábricas Ford introducen la cadena de montaje: una pieza pasa por diferentes grupos de obreros que le fijan los diversos componentes en un tiempo predeterminado. Normalizando y utilizando el mínimo de componentes, el proceso de producción se hacía más efectivo, rápido y barato. La mano de obra se utiliza como si de una máquina se tratara.
Nace pues la normalización de los productos: tamaños estándar de papel, muebles en serie… Se emplea por primera vez el tubo de acero, que se convierte en uno de los símbolos del Movimiento Moderno y objeto de innumerables sátiras a la vez. La compañía eléctrica Braun, de Frankfurt, se aplica a la fabricación de electrodomésticos discretos, en negro, blanco o gris, sin detalles superfluos. Louis Cartier diseñará su reloj de pulsera Tanque, reflejando la pasión por la máquina en su nombre y en su estilo.
La base del diseño funcional
El Movimiento Moderno de los años veinte se deja entusiasmar por la función en sí, la esencia de las cosas, la autenticidad de los materiales. Se investiga sobre el tiempo y el movimiento, en automatizar esfuerzos.
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