En el ámbito de la decoración de interiores, existe un amplio abanico de estilos que configuran diferentes propuestas estéticas. Los mismos, por supuesto, deben ir de la mano con la personalidad de los habitantes del hogar y deben responder a sus gustos e intereses más auténticos.
En esta primera recorrida por los estilos decorativos nos dedicamos al Zen y al Rústico.
El estilo Zen: sabiduría oriental
En una mágica mezcla de naturaleza, energía y serenidad, el estilo zen surge como una manifestación estética de la filosofía del mismo nombre, de origen oriental. Su predicamento en el mundo occidental se debe a la gran pureza y profundidad de sus enseñanzas y conceptos.
¿En qué consiste básicamente esta filosofía? Principalmente busca el conocimiento de uno mismo, hallando un sentido a la vida a través de la experiencia del cuerpo y del espíritu. No se trata de una religión, ya que no posee dogmas ni principios estructurados. Sólo se trata de hallar el sentido del propio ser en la armonía interna y en aquella que nos aporta la naturaleza.
Es vital entender esto para comprender luego como esta filosofía se transmite a los espacios del hogar y a la decoración. En ese ámbito, el Zen significa nuevamente armonía y equilibrio, potenciando los aspectos decorativos para que estas sensaciones lleguen a nuestro interior.
Calidez natural
La gama de colores empleada se basa en los tonos neutros, mayormente entre el blanco, los beiges o los ocres. En el mismo sentido, y afirmando el respeto a la naturaleza, los materiales empleados en la decoración y el interiorismo deben ser justamente naturales, privilegiando entre ellos a la madera y su calidez. En los textiles, en tanto, se buscan siempre aquellas texturas de mayor suavidad y, por supuesto, en base a materiales naturales como el lino o el algodón, por ejemplo.
El diseño de los muebles y complementos decorativos se sustenta en el concepto de simplicidad extrema, evitando curvas y todas aquellas líneas o propuestas que se alejen de lo natural y provoquen artificiosidad o quiten comodidad. Como el objetivo es la armonía, cada espacio debe ser lo más confortable posible, facilitando una movilidad sin problemas.
Con el propósito de estimular la paz y la meditación en los ambientes de la casa, el Zen busca también una iluminación tenue, apuntando a las velas, las lámparas de pie y todos aquellos accesorios que tiendan a la iluminación puntual de cada rincón de las estancias. Al mismo tiempo, serán bienvenidas las plantas, las piedras o el agua, como elementos naturales en forma de objetos decorativos.
Rústico: espontaneidad campestre
Basado en el estilo empleado para decorar las casas de campo a lo largo de la historia, esta propuesta estética puede aportar una buena dosis de naturalidad y espontaneidad en nuestro hogar. Aquí nuevamente la madera es el material predominante, en este caso en suelos, muebles, paredes y hasta en la estructura de los techos.
Dentro de la gama de maderas, se privilegia especialmente al roble, al castaño y al nogal, que dado su carácter oscuro se combinan con otras variedades de mayor luminosidad como el pino, por ejemplo. En algunos casos, para evitar un exceso de madera, los suelos se trabajan en otros materiales naturales, como el caso de las piezas de barro cocido.
El mobiliario empleado es mayormente clásico (sillones, escritorios) con especial énfasis en los muebles antiguos sometidos a distintos procesos de restauración, como por ejemplo aquellos en los que se han aplicado lacados o decapados. También son muy utilizados los muebles de hierro forjado y las piezas de líneas coloniales, ya que el objetivo es dar una impresión general de calidez y sencillez.
En síntesis, se trata de dos estilos decorativos muy acogedores para incorporar al hogar, que a través de la utilización de algunos pocos y simples elementos pueden brindar confortabilidad y armonía al interior de la vivienda, sin caer en complicadas y excesivas aventuras estéticas.
Tags: estilos decorativos, rústico, Zen
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