Cada cumpleaños tiene algo de particular, pero por sobre todas las cosas, cada cumpleañero tienen sus vericuetos y características propias. El cumpleaños como símbolo del correr del tiempo suele ser, para algunas personas, razón de reflexión, de pensar en logros y desaciertos, de evaluar proyectos y hacer balances.
Intentar hacer esto año tras año y salir indemne del proceso puede ser una tarea realmente ardua, nada fácil para un ser humano normal. Puede que se trate de cambiar el eje de pensamiento, de intentar ver un poco más allá de la fecha en si, del balance de un cumpleaños a otro, y se piense en función de proyectos, de festejo y de logros.
Un sutil giro en el ojo de quien mira cambia por completo la perspectiva y nos ofrece un espacio de reflexión, pero no de sufrimiento sino de crecimiento. Festejar el momento, vivirlo en compañía y desde lo más positivo de nuestro ser, es también una forma de sacudir todo aquello que vemos como negativo del año que pasamos, para encarar de una forma renovada el que está por comenzar.
El festejo como símbolo
Festejar el cumpleaños tiene que ver con algo muy simbólico. Festejo el paso de tiempo, pero desde un lugar de alegría, de reconocimiento y de buscar compartir este recorrido con aquellos que quiero y que me quieren. El festejo, además de un compartir, es una clausura y una reapertura. Un cierre para el año que se termina y una apertura para el nuevo. Es un corte en el tiempo absolutamente humano. Si bien es claro que el devenir temporal no varía porque sea el aniversario de nuestro nacimiento, pero si es una manera de asimilar el tiempo al tiempo de uno.
Es entonces el festejo un símbolo, de cierre, de apertura, de compartir, de gente querida y de sentirse acompañado. Pensado de esta manera, es menester no dejar pasar la fecha sin pena ni gloria. Aunque más no sea una reunión intima, una comida, una merienda, que permite plasmar este símbolo en el recorrido y la historia personal.
Buscando entre las alternativas
Qué hacer es una cuestión de formas. Cena íntima, gran festejo, paseo con amigos, salida en conjunto, merienda en un parque. Las formas son muchas, lo que es importante es buscar aquella que me represente, me haga sentir bien y libre. El objetivo es compartir este importante momento anual de la vida con aquellos que hemos elegido para acompañarnos en el camino.
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