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Bonsais, naturaleza a pequeña escala 2/2

Escrito por admin / 10 de noviembre de 2008

Originarios de China y de Japón, estos diminutos árboles son el resultado de una combinación de técnica, paciencia y muchos mimos y cuidados.

En países como China y Japón las técnicas de cultivo se rigen por una serie de reglas matemáticas y su cuidado sigue los principios de la filosofía zen. Cultivar un bonsái se convierte así en un acto de meditación que permite a quien lo cuida conectarse con la naturaleza y con la propia esencia. Aunque en Occidente esta filosofía nos queda muy lejana, lo cierto es que cultivar un bonsái requiere capacidad de observación, paciencia, disciplina y mucho respeto por la naturaleza.

Hojas

  • Despunte: esta poda consiste en cortar los brotes que aparecen nuevos en las ramas para darles forma y fuerza. Se recomienda hacerlo con unas pinzas o utilizar las manos.
  • Recorte: (también llamado poda de mantenimiento): una vez al árbol se ha podado según el diseño deseado, cortaremos las puntas que salgan de la forma establecida. Se aconseja hacer este trabajo durante los meses de verano.
  • Raíces: Las raíces subterráneas se podan durante el trasplante (tal y como os detallamos en el próximo apartado). Y las raíces aéreas, propias de las especies tropicales, se podan en un tercio del total.

El trasplante

  • Dado que el bonsái crece en un espacio muy reducido es conveniente trasplantarlo muy a menudo, ya que si las raíces ocupan toda la maceta no dejan espacio para el aire y el agua.
  • En la mayoría de las variedades, el momento más apropiado para realizar el trasplante es a finales de invierno o a principios de primavera, cuando la planta empieza a brotar.
  • Una vez hayamos sacado el bonsái de la maceta, se aconseja peinar sus raíces, ya que estimula el desarrollo de las más finas, y cortar después cualquier exceso. Debemos podar tantas raíces como sea necesario para que quede espacio para llenar un tercio del recipiente con suelo nuevo.
  • Una vez trasplantado, regamos el bonsái y lo dejamos en un ambiente cerrado durante tres o cuatro semanas, que es el tiempo que el árbol necesita para recuperarse. Durante este periodo es mejor que no se riegue demasiado. Pasado este tiempo lo volveremos a poner en el exterior y lo regaremos con la misma frecuencia que antes
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